Autor Ps. Lucero Quijano Pulido
Burbujas al cuadrado
La nostalgia y la curiosidad por un personaje de la infancia fueron los ingredientes para ver la reciente película Bob Esponja: En busca de los pantalones cuadrados. No esperaba una trama profunda ni coherente; la decisión era simple entretención. Sin embargo, a medida que avanzaba la historia, algo empezó a llamar mi atención.

Mirar a Bob Esponja con ojos adultos resulta curiosamente envolvente. Su motivación cotidiana, ese impulso casi ingenuo por “dar el zarpazo” al nuevo día, revela una forma particular de estar en el mundo. Desde la psicología del desarrollo, esta energía vital puede leerse como una expresión de confianza básica en la experiencia, algo que Erik Erikson describió como el cimiento de la identidad, una sensación temprana de que el mundo es un lugar suficientemente confiable como para lanzarse a existir en él (Erikson, 1993).
La aventura comienza con pequeños símbolos de crecimiento: unos centímetros más de estatura, 36 almejas que lo acercan a sentirse “grande”. Señales externas que prometen validación. Aquí aparece una tensión central en la construcción del valor personal: la tendencia a confundir el ser con el tener. Desde una mirada psicológica, estos indicadores funcionan como organizadores identitarios secundarios; alivian momentáneamente la inseguridad, pero no garantizan una identidad integrada. Como plantea Erikson (1997), el riesgo aparece cuando el sujeto se define exclusivamente por logros externos, quedando vulnerable a la confusión de identidad cada vez que estos fallan.
Bob tiene objetivos claros y, a lo largo de la serie, estos han moldeado sus aventuras. Para ser una simple esponja, no pierde consistencia. Esta coherencia interna recuerda lo que Carl Rogers denominó congruencia: la capacidad de mantenerse fiel a la propia experiencia interna, incluso frente a expectativas externas (Rogers, 2002). Bob no intenta ser otro, más bien intenta ser más él. Y esa distinción es clave cuando pensamos el crecimiento psicológico no como adaptación forzada, sino como despliegue auténtico.
Es aquí donde el entorno cobra un rol central. Sus pares le devuelven una imagen de su valor, confirmando que la identidad no se construye en soledad. Desde una perspectiva intersubjetiva, el yo emerge en el encuentro con otros significativos. Figuras como Don Cangrejo encarnan la lógica del rendimiento, la norma y la productividad, una representación clara del mandato social adulto. No es casual que Bob lo admire y, al mismo tiempo, sufre bajo su mirada. Crecer, muchas veces, implica negociar con estas figuras internas.
Pero ningún soñador elocuente avanza solo. Patricio, su compañía abstracta y concreta a la vez, permite que Bob piense, juegue, fracase y vuelva a intentar. Desde el psicoanálisis relacional, Patricio cumple una función esencial: la del sostén emocional no evaluativo. Donald Winnicott sostiene que el juego no es una actividad secundaria, sino el espacio donde el self verdadero puede emerger (Winnicott, 1991). Allí donde no hay exigencia de rendimiento, el sujeto puede experimentar quién es sin temor a perder el vínculo.
El subtítulo de la película cobra sentido cuando, más allá de la caricatura literal, se instala una tensión profunda, una brecha entre seguir siendo niño o crecer. Esta dicotomía atraviesa gran parte de la vida adulta. Desde la clínica, muchas consultas emergen justamente en este punto, cuando el crecer se vive como traición a uno mismo. La identidad adulta aparece entonces teñida de culpa, autoexigencia y una sensación persistente de insuficiencia.
Los pantalones cuadrados, lejos de ser un simple chiste visual, simbolizan esta ambivalencia: un cuerpo infantil intentando habitar un ideal adulto. Bob nos invita a revisar críticamente qué entendemos por madurez. Para él, la valentía no está en endurecerse, sino en sostener la capacidad de asombro. Esta idea dialoga con Abraham Maslow, quien señalaba que la autorrealización no implica abandonar la espontaneidad infantil, sino integrarla en una estructura psíquica más amplia (Maslow, 2013).
Desde una mirada constructivista, podríamos decir que Bob no busca encajar en una identidad adulta prefabricada, sino construir una narrativa propia de crecimiento. Como plantea Michael White, el valor personal se fortalece cuando el sujeto logra reautorizar su historia, despegándose de relatos dominantes que definen qué es ser “suficientemente adulto”, “exitoso” o “valioso” (White & Epston, 1993).
Quizás esa imaginación solo es posible porque Bob conserva su parte infantil viva. Y tal vez crecer no sea eliminarla, sino aprender a regularla e integrarla: con un Don Cangrejo que ordene y permita sostener la realidad; un Calamardo que confronte y ponga límites a la omnipotencia; y un Patricio que recuerde que el sentido también se construye desde el juego y el vínculo. En términos psicológicos, crecer sería lograr una integración funcional de estas partes, más que jerarquizar una sobre las otras.
“Tal vez crecer no sea dejar de hacer burbujas, sino aprender cuándo hacerlas y con quién rodearse para no perder el equilibrio”.
Autores mencionados cuya obra se recomienda consultar: Erik Erikson, Carl Rogers, Donald Winnicott, Abraham Maslow y Michael White, cuyas contribuciones teóricas han sido fundamentales para el desarrollo de la psicología y la psicoterapia, particularmente en los ámbitos del desarrollo psicosocial, el enfoque humanista y las terapias narrativas.
Bibliografía:
Erikson, E. H. (1993). Infancia y sociedad (14.ª ed.). Paidós. (Obra original publicada en 1950)
Erikson, E. H. (1997). Identidad: juventud y crisis. Taurus. (Obra original publicada en 1968)
Maslow, A. H. (2013). El hombre autorrealizado: Hacia una psicología del ser (6.ª ed.). Kairós. (Obra original publicada en 1968)
Rogers, C. R. (2002). El proceso de convertirse en persona: Mi técnica terapéutica. Paidós. (Obra original publicada en 1961)
Winnicott, D. W. (1991). Realidad y juego. Gedisa.(Obra original publicada en 1971)
Winnicott, D. W. (2005). Los procesos de maduración y el ambiente facilitador. Paidós. (Obra original publicada en 1965)
White, M., & Epston, D. (1993). Medios narrativos para fines terapéuticos. Gedisa. (Obra original publicada en 1990)


















































